05 DE JULIO DE 2015 | Hace 690 dias

Las razones de otra final perdida

Nuevamente la Selección que futbolísticamente lidera Lionel Messi se quedó en el umbral de una consagración. Falló en el partido clave y recibió otro golpe duro. Las razones, de distinta índole, están a la vista.

Otra vez varias razones, emocionales y sobre todas futbolísticas, entraron en complicidad en una cita final y dejaron a la Selección argentina, a esta brillante generación que encabeza Lionel Messi, en el umbral de una consagración y con una escenografía cargada de lágrimas y desconsuelo.

Y es indudable que el primer punto de esta historia con sabor a karma futbolero pasa por el factor psicológico. El estigma que persigue a este notable grupo de futbolistas cada vez que se calzan la celeste y blanca, volvió a marcar el terreno de una final.

Así los protagonistas mostraron una versión muy desmejorada y la formación no ofreció ningún signo del equipo que arrasó con su paso goleador, apenas cuatro días atrás, en la instancia de semifinal.

Sin dudas que esto trastocó la idea táctica y así faltó movilidad, poder de presión y hasta tenencia. Con Lionel Messi tan solitario como aislado en su andar, igual recibió muchos golpes y fue el más claro a la hora de manejar el balón, y con Javier Mascherano otra vez como abanderado del sacrificio, las posibilidades de vuelta olímpica se fueron diluyendo con el correr de los minutos.

También entró a jugar el papel físico, y en este ítem se notó la debacle de varios protagonistas. Por ejemplo Angel Di María quien apenas pudo completar poco más de veinte minutos o Ezequiel Lavezzi, su reemplazante, que se acalambró tras estar poco más de una hora sobre el escenario y tras haber sumado apenas un puñado de minutos en su planilla de la competencia.

La incidencia de los cambios

Está claro que los antecedentes más recientes, la performance en la última temporada europea, no cuentan en la consideración y la planificación de Gerardo Martino.

Y desde este punto de vista hay que explicar la elección de Gonzalo Higuaín, su segundo “9”, a la hora de reemplazar a Sergio Agüero, por encima de un Carlos Te vez que llegaba a esta cita oficial tras cerrar el mejor ciclo de su carrera como goleador y multicampeón en una de las dos ligas de mayor prestigio.

El ex delantero de River falló feo por dos. Primero para cerrar la jugada más clara que Argentina tuvo a lo largo de la final, en el minuto noventa y entrando libre por el segundo palo para empujar el balón, y después en la tanda de los penales. Mientras tanto, el Apache cumplía con el rol de alentar desde afuera a sus compañeros ante la modificación de la Conmebol que finalmente no autorizó el cuarto cambio en el alargue